Mensaje de Pascua: P. Marcelo Carlos da Silva, sss

MENSAJE DE PASCUA A LA FAMILIA EYMARDIANA

Es tiempo del “amor exagerado”, es tiempo de Pascua

El Señor Dios me despierta cada mañana y me estimula el oído,

para prestar atención como un discípulo.

Él es mi Auxilio (Is 50, 4.7).

 Queridos hermanos y hermanas de la Familia Eymardiana!

En este momento desafiante de la humanidad, de la Iglesia, de la Congregación y de nuestras familias, con el avance de la pandemia del COVID-19, quiero compartir con cada uno de ustedes, miembros de la Familia Eymardiana y de las comunidades eclesiales donde los sacramentinos viven y trabajan, una palabra de comunión, fe y esperanza en este período de distanciamiento social, de cuarentena.

De un momento a otro, nuestra dirección, nuestros proyectos, planes y nuestra economía alteraron la rutina, ritmos y ritos personales, familiares, misioneros y sociales. ¡Todo cambió en fracción de días! Y eso ha exigido de nosotros, de cada uno de nosotros, nuevas formas de vida, de observar, de pensar y de sentir nuestra propia existencia, personal y colectiva. Comenzando desde dentro de nuestras casas y comunidades de fe.

Este vírus invisible está poniendo en jaque un modo de vida conquistado por la sociedad contemporánea, frenando nuestros hábitos y haciendo repensar nuestros valores, cuestionándonos: ¿Dónde estamos poniendo nuestro corazón? ¿Cuál ha sido nuestra verdadera riqueza, nuestro tesoro?

Una verdad surge de esta pandemia: ¡Nosotros no escogimos ese virus! Él sí, nos escogió, pues quien está enfermando y muriendo somos nosotros, los seres humanos. Aún así, nosotros, los seres humanos, podemos escoger qué hacer con esta pandemia de ahora en adelate. Y qué lectura haremos de ella en nuestra sociedad. Si queremos podemos salir de este tiempo, que desafía a la vida humana y a la fe, mucho mejores que cuando fuimos conducidos al aislamiento social.

Por eso queridos hermanos, no podemos continuar siendo los mismos – pensar, actuar, sentir e incluso creer, como lo hacíamos hasta antes de esta perturbadora pandemia – si la humanidad, de un momento a otro, cambió drásticamente su rutina, su ritmo y sus ritos humanos y hasta religiosos, nosotros también.

Para vivir este camino exigente impuesto por este flajelo humano, El Tiempo Litúrgico que estamos vivendo en la Iglesia – Cuaresma, Semana Santa y Pascuafavorece el reencuentro com el camino que queremos seguir de aquí en adelante.

Este Tiempo Litúrgico nos conduce directamente a la mayor verdad de nuestra fe Cristiana: ¡aquel que murió, resucitó! Como nos recuerda y proclama Pablo, el I Domingo de Pascua: “Hermanos: si resucitamos con Cristo, esforcémonos por alcanzar las cosas de lo alto, donde está Cristo” (Cl 3, 1-2). Por lo tanto, dejémonos guiar por esta fuerza de vida, por este espíritu que nos aparta de este escenario de muerte y nos hace vivir como testigos del Resucitado, discípulos de la luz que atraviesan esta noche “noche oscura”.

Como la vida nos impone pausas por causa de la cuarentena, “un tiempo de retiro” de la vida social, en ocasiones frenética y descompensada, se convierte también en un tiempo de oportunidades y aprendizaje. Por eso, es hora de despertarnos, de los engaños, de las ilusiones y de los abismos creados por la humanidad y por nosotros mismos, para una vida nueva en Cristo y también por Cristo. Hagamos nuevo aquello que perdió el sentido en la vida exterior en que vivíamos antes.

Es hora de cultivar lo que perdimos dentro de nosotros mismos o fuera, en algún lugar que ni certeza tenemos “donde”, para encontrarnos en la gracia de la espiritualidade pascual de Cristo resucitado que nos llama: “¡Levántate”, “Corage!”, o, “¡No tengas miedo, yo estoy contigo!”

Entonces, lentamente seguiremos, por un tiempo, hablando de los Dolores del alma, de las tristezas y de los miedos que nos rodean, andando en dirección al reconocimiento del gesto del Maestro al “partir el pan”. Hasta llegar ahí, ya habremos aliviado el corazón; habremos abierto los ojos, los oídos y afirmado los pasos al ritmo de una nueva vida resucitada, para retomar nuestra Jerusalén (lugar de la comunidad) y nuevamente romper con el “distanciamento social”. Habremos retomado nuestra esperanza y nuestra fe pensando que este tiempo de enfermedad viral “va a pasar” y con él habremos aprendido muchas cosas.

Cuando ese día llegue, será un tiempo para abrazarnos, recoger lo que se dispersó, liberarnos de lo que nos engañó y, entonces, celebraremos con júbilo la Pascua de Cristo, encarnada en la pascua de la gente.

Como miembros de la Familia Eymardiana, para poder construir este tiempo futuro, permanezcamos atentos a la calidad de nuestra Vida Fraterna; de nuestra Vida Orante y de nuestra vida Servidora.

Por fin, hermanos y hermanas, como les recordamos anteriormente a la Familia Eymardiana y a nuestras comunidades eclesiales, “es hora del amor exagerado” de Pe. Eymard. Es hora de ir más allá de lo mínimo, del deber, del aislarniento social.

Es tiempo de amar exageradamente, para sanar al otro y a nosotros mismos del lastre de enfermedades dejadas por esta pandemia en todas las áreas de la vida humana, social y religiosa.

Es tiempo de renovar en nosotros y nuestras comunidades de fe el “Mandamiento Nuevo del Amor”, instituído en la Cena del Señor. Este mismo mandamiento que nos impulsa a ayudar al prójimo, a aquel que necesita de nosotros, a encontrar en este tiempo de inquietud e incertezas, el amor compasivo y misericordioso que nos sana de todos los males de esta pandemia y de otros males.

 

Nuestra Señora de la Eucaristía, Madre de los Enfermos, ruega por Nosotros.

 

Un bendecido tiempo de resurrección y de compromiso con el “amor exagerado”, con el “mandamiento nuevo”. Amén, que así sea. ¡Feliz Pascua!

 

  Pe. Marcelo Carlos da Silva, sss

Provincial de la Provincia NSRA de Guadalupe

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